Un desproposito.

 Apenas contaba 6 años. Absorto, escuchaba a mi abuelo contar historias del "frente", que era como él solía llamar a las primeras líneas de combate. Todo aquel desproposito nos condujo a muchos años de retroceso; hambre, represión perdida de derechos y libertades.

       Cuando eres niño no adviertes estos avatares, fue a medida que iba creciendo cuando empece a comprender: mi país era una dictadura. Afortunadamente, mi generación no pasó hambre, pero sí algunas necesidades. Aún recuerdo mis primeros años de escolar; recuerdo que nos dieron leche en polvo. El objetivo era contribuir a paliar la desnutrición infantil; fue el resultado de un pacto entre los EE.UU y Madrid, ayudas a cámbio de la instalación de bases militares. Además, la formación era estrictamente militarizada; practicabamos a diario en el patio del colegio y, para finalizar: "El cara al sol"; un canto estúpido, con una letra vulgar, que hacía recordar a los vencedores, pero sobre todo, humillaba a los vencidos.

      El Nacional Catolicismo se extendió por todo  el país; me acuerdo de ir por la calle, ver al cura parroco, e inclinarme a besar su anillo. Incluso, el temor que sentíamos al ver a la pareja de la guardia civil; con sus negros tricornios, embozados en sus verdes capas y el fusil al hombro. Nuestra educación fue muy sesgada; muy diferente a la que hoy, por fortuna, se aplica en los centros públicos.


    Franco murió el 20 de noviembre de 1975, yo tenía 17 años. Fue un día de júbilo para muchos españoles; la gente se veía alborozada por las calles , incluso hubo quienes lo celebrarón con algún tipo de bebida espirituosa; no era para menos.

      Después vino la Transición; la reconciliación y, cuando todo parecía que iba bien, aparece un señor con tricornio, con un enorme bigote y disparando en el Congreso a la voz de: "¡Que no se mueva nadie!, "¡Viva España, viva el Rey!" Nos volvió a quitar la sonrisa de la cara. Era el 23 de febrero de 1981, se vivieron momentos de mucha tensión, yo no tenía inquietudes políticas, pero mi hermano Luis, dos años mayor que yo, sí las tenía. Era sindicalista y estaba afiliado a un parido de izquierdas. Fue una noche muy larga; mi hermano se deshizo de todos los papeles que le pudieran comprometer; cabía la posibilidad de que el golpe militar fuese hacia delante y en consecuencia habrían represalias. Esa noche, mi hermano durmió fuera de casa, en paradero desconocido; incluso para mis padres. Fue un acontecimiento muy grave que afortunadamente tuvo un buen fin.

      Con los años, me he dado cuenta de lo mucho que hemos avanzado. De ahí la importancia de conocer nuestra historia, para no volver a repetir episodios tan lamentables. No creo que cualquier tiempo fuese mejor; el mejor tiempo es el que queremos; el que construimos entre todos. Dándonos derechos y libertades; con una Constitución que nos ampara y nos proteje a todos por igual; sólo así haremos un país más grande y mejor.

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