Entradas

Las Palabras.

Papel..., blanco de miedo. Donde comienza el juego, el baile de las palabras. Lenguaje que me permite expresar; comunicar. Palabras que vienen y van. Caracteres imprevistos, que siempre me sorprenden. Sintagmas insondables, alumbrando al verso: ¡Libre, libre! 5/12/2011.

Vida

¡ Qué vida, qué horror ! Invertida, como un regato que de espalda quisiera buscar la fuente. ¡ Qué vida, qué vértigo ! Angosta vereda, falso empíreo. ¡ Ay...! Sí, hay vida; mañana, la aurora nos dará los buenos días, y el sol alcanzará su cenit. Después, quedaremos arrobados por el Ocaso, con su cárdeno cielo - hermoso espectáculo - , previo a la noche. 23/11/2010.

Tiempo

Quiero y no puedo atrapar el tiempo. Más bien es él, el que quiera atraparme. De nada sirven dádivas; imperturbable, inquebrantable, caminas hacia la Nada. ¡ Ay... Tiempo, tiempo! Implacable carcelero, ¡ qué altos tributos demandas! Yo soy tiempo; pasado y presente. Tú: Eterno. 13/11/2011.

Alma

Y que la Tuna provoque un tumulto, exhortación en mis exequias. Y en el túmulo, ya el cuerpo exánime; exsangüe, exhale mi alma. ¡ Ay, alma mía ! Que no sabes de óbitos, que no sabes de funerales.

Una visita ineludible.

Ayer estuve con la Parca, últimamente nos vemos de cuando en cuando. Me acompaña a todas partes y, sabe más de mí que yo de ella. Me da muestras de su astucia, y con numerosos obstáculos zancadilléa mi vida. No le guardo rencor por esto, y me atrevería a decir; que le estoy hasta cierto punto agradecido. Es ella quien da luz a mis ojos y dilata mis pupilas, quien ha hecho de mí un hombre nuevo , capaz de amar las cosas más sencillas. Debo respetarla y atender en todo aquello que me diga. Pues, temo que me ha de acompañar toda la vida.

Feliz cumpleaños

Subiré al cielo esta noche, cogeré una estrella, le pondré tu nombre. Pues, dicen por ahí... - hay rumores - que más luce la tierra que brillo en el firmamento. ¡ Ay... ! Subiré al cielo esta noche.

Cuando ya no esté.

Y quiero que, cuando mi cuerpo ya no esté, cuando sólo quede mi alma. El viento, fresco y húmedo, acaricie mis cenizas. Y un hálito me lleve a ti: para tocar tu pelo, para besar tus ojos, para frisar tus labios. Para después, recorrer tu cuerpo, y con la aurora, esperar la venida de otro céfiro.