Aquí todos somos iguales, "de momento".
Esta mañana he sido testigo de un acontecimiento que me temo muy habitual en muchos ámbitos de la sociedad. Me encuentro sometido a curas ambulatorias, debido a una reciente intervención quirúrgica (nada grave), todos los días acudo al centro de salud en Petrel; la ciudad donde resido.
Éramos un número considerable los que estábamos en la sala, a la espera de ser atendidos por el personal sanitario. De sobra es sabido (aquí también entra el sentido común) que, debemos, tenemos; hay que guardar un turno. Salvo la muy justificada urgencia; que nadie cuestiona. Aun así, en la sala abundan los carteles que nos informan ( por si no apareciese el sentido común) entre otras cosas, esas elementales normas de buena convivencia, tan necesarias para una buena salud.
Me encontraba a la espera de ser atendido, cuando entra un matrimonio de avanzada edad, acompañados de una auxiliar de dicho centro. Parecía, o al menos se evidenciaba algún parentesco.
La auxiliar, muy educadamente, les indica el lugar donde serán atendidos; previo aviso del enfermero. Hasta aquí todo correcto, pero, nada más darse la vuelta la enfermera para incorporarse a sus tareas, el señor dice: "pero, paso ya, ¿no?" La auxiliar le contesta: "no, espere, le avisará el enfermero". Ya he comentado que son numerosos los carteles que indican "no pasar", "no llamar", "les avisamos nosotros". Con todo, la señora que se había quedado un poco rezagada y, al parecer, viendo que no atendían a su esposo, decide abrir la puerta, y le pregunta al sanitario que si podían pasar ya. Lógicamente tuvo que salir e indicarles que debían guardar turno; que ya les avisaría él.
Petrel es una ciudad pequeña, casi se podría decir que "aquí nos conocemos todos"; de hecho, no mantengo amistad con estos señores, pero sí los conozco. Él es un industrial ya jubilado, no tengo nada en contra de los industriales (hoy llamados emprendedores), es más, lo creo necesario para la creación de empleo y por ende; riqueza y bienestar para "todos". Sí, a la falta de respeto; a la mala educación y a creernos más que otros.
Decía Ortega: "El dinero no manda más que cuando no hay otro principio que mande".
Al empezar el artículo hablo de la sociedad, y es ahí donde residen la mayoría de nuestros males. Lo decía muy bien el gran escritor Thomas Mann: "casi todos los sufrimientos del individuo se remontan a enfermedades del Organismo Social".
Tenemos un buen sistema sanitario; es de todos, aquí todos somos iguales. Pero, tenemos la obligación de cuidarlo, respetarlo y, defenderlo. Sí, defenderlo de las incesantes tentativas de desestabilización por parte de un neoliberalismo en pro de un capitalismo salvaje, que parece no tener límites. No podemos permitir que hagan negocio con nuestra salud. Un país libre requiere sanidad y educación fuertes y públicas.
Éramos un número considerable los que estábamos en la sala, a la espera de ser atendidos por el personal sanitario. De sobra es sabido (aquí también entra el sentido común) que, debemos, tenemos; hay que guardar un turno. Salvo la muy justificada urgencia; que nadie cuestiona. Aun así, en la sala abundan los carteles que nos informan ( por si no apareciese el sentido común) entre otras cosas, esas elementales normas de buena convivencia, tan necesarias para una buena salud.
Me encontraba a la espera de ser atendido, cuando entra un matrimonio de avanzada edad, acompañados de una auxiliar de dicho centro. Parecía, o al menos se evidenciaba algún parentesco.
La auxiliar, muy educadamente, les indica el lugar donde serán atendidos; previo aviso del enfermero. Hasta aquí todo correcto, pero, nada más darse la vuelta la enfermera para incorporarse a sus tareas, el señor dice: "pero, paso ya, ¿no?" La auxiliar le contesta: "no, espere, le avisará el enfermero". Ya he comentado que son numerosos los carteles que indican "no pasar", "no llamar", "les avisamos nosotros". Con todo, la señora que se había quedado un poco rezagada y, al parecer, viendo que no atendían a su esposo, decide abrir la puerta, y le pregunta al sanitario que si podían pasar ya. Lógicamente tuvo que salir e indicarles que debían guardar turno; que ya les avisaría él.
Petrel es una ciudad pequeña, casi se podría decir que "aquí nos conocemos todos"; de hecho, no mantengo amistad con estos señores, pero sí los conozco. Él es un industrial ya jubilado, no tengo nada en contra de los industriales (hoy llamados emprendedores), es más, lo creo necesario para la creación de empleo y por ende; riqueza y bienestar para "todos". Sí, a la falta de respeto; a la mala educación y a creernos más que otros.
Decía Ortega: "El dinero no manda más que cuando no hay otro principio que mande".
Al empezar el artículo hablo de la sociedad, y es ahí donde residen la mayoría de nuestros males. Lo decía muy bien el gran escritor Thomas Mann: "casi todos los sufrimientos del individuo se remontan a enfermedades del Organismo Social".
Tenemos un buen sistema sanitario; es de todos, aquí todos somos iguales. Pero, tenemos la obligación de cuidarlo, respetarlo y, defenderlo. Sí, defenderlo de las incesantes tentativas de desestabilización por parte de un neoliberalismo en pro de un capitalismo salvaje, que parece no tener límites. No podemos permitir que hagan negocio con nuestra salud. Un país libre requiere sanidad y educación fuertes y públicas.
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